Ya siento mover a Aletas, no siento burbujitas como con Fede, mas bien siento golpes. Además creo que en alguna parte se consiguió un palo y le gusta rasparlo contra la cicatriz de la cesárea. No se que será el palo, de repente algún hueso de pollo que por las vueltas de la vida (casi escribo hueltas, ¡qué día!) se me fue al torrente sanguíneo y le llegó a él/ella.
El lunes empezaba gimnasia, fui y todo, pero no fue ninguna otra embarazada, entonces aprovechando que la profe es una doula amiga, la enredé con mis encantos y logré no hacer gimnasia y terminar en el frente de su casa, al solcito limpiando la persiana. El miércoles fui y si, tuve clase, la destreza de mi pierna izquierda es algo notable, cada vez que había que levantarle me parecía que le iba a arrancar la cabeza a la que estaba al lado mío, pero no, se salvó, por esta vez.
Aletas ya tiene dos paquetes de pañales, un par de gorritos que venían con los pañales y un conjunto de algodón, que no es a rayitas verdes y anaranjadas como yo quería, sino que es amarillo, con un patito bordado, como eligió Fede.
