¿Tendré cuatro lectores?
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Últimamente no hacíamos mas que ver las películas de Campanita.
En la primera Campanita se tiene que resignar a que su talento no es nada mágico, sino que es una artesana a la que le toca estar laburando con las manos todo el tiempo. Recién cuando se manda una cagada grande y después la arregla le dan un poco de permiso para usar la cabeza además del cuerpo.
En la segunda le toca hacer algo importante, y de nuevo se manda una cagada y de nuevo la arregla. Esta vez sin que casi nadie se entere.
Cuando Campanita tiene permiso para usar la cabeza logra hacer aparatos que ayudan con el trabajo de las hadas: pintar una mariquita antes llevaba 10 o 15 minutos, ahora solo un par de segundos. Hacer pintura ya no es trabajoso, recoletar nueces tampoco.
Todo es mucho mas fácil en el mundo post Campanita.
Me extraña que en la segunda película las hadas no estén todas gordas de no moverse o que no se hayan entregado a ningún vicio.
De repente en la tercera… me dijo Esteban que la estrenan el año que viene.
Que la niña duerma, lavar el baño, que quede impecable, aprovechar para bañarse una y al abrir la odiada cortina darse cuenta que el baño se inundó.
Lo bueno de saber que no quedó ni rastro del limpiador aroma a lavanda en el piso y que esos productos químicos horribles no pueden dañar la piel de los piececillos de mi niña. Y que el piso flotante del pasillo es realmente flotante.
¡¡¡¡La rep@#%!!!!
Yo (después de 5 minutos de no escuchar ni un movimiento en la casa): ¿Fede, que andás haciendo?
Ella: ¡Miro una pelusa!
Los postres light.
Ayer estaba descalza en casa y se me ocurrió ir a la entrada de casa a buscar no se qué, pisé algo mojado y miré al suelo para ver que era esa agüita. Solo vi mojado, miro un poquito al costado y ¿qué veo?. ¡Una babosa rota, con sus entrañas para afuera, rota a lo largo como si fuera un pan de panchos! Ay, que asco, que alguien me corte el pie. Corro, lloro y grito por toda la casa y me voy a la ducha para que el agua caliente me arranque el pie desde el tobillo y se me vaya el pie y el asco por el desagüe. Pero no, el pie me queda y se me ocurre tocar mi talón con un pedacito de papel y estaba todo baboso, baba de babosa que no se iba. Hasta una manchita de otro color me quedó, me sequé el pie no se con qué, Fede y Esteban vinieron a darme abrazos y ánimos. Cuando bajé Esteban ya había hecho desaparecer todo rastro de lo sucedido.
Cuando era chica pensaba que mi tío Miguel había pisado una babosa siendo niño y se había ido al cielo, como quien salta en una cama elástica o algo así. A mi no me pasó.
Esteban dice que ahora voy a empezar a tener superpoderes.
De repente se me va a dar por reptar por las paredes, o si te escupo hago que se te vayan las estrías o alguna cicatriz. Y si no pasa, ni sueñes con que te voy a devolver el dinero.
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