No hay luz en casa. Son las 6 y ya está oscuro. Fede duerme tranquila y yo espero casi aterrada a que vengan los tipo de la Ute a conectarla de nuevo, pasa que si no la pagás te la desconectan.
Cuento en este momento con 4 velas, algo de leña en la estufa y mucha leña afuera pero soy incapáz de agarrar una leña de afuera en la oscuridad, mirá si tiene un bicho.
Tengo a las dos gatas conmigo, acompañándome. Son como un eco, estamos yo, ella y ella; a todos lados vamos las 3. Suerte que Fede duerme.
Van 15 minutos de noche. Sigo con la misma vela. Ya no resisto, necesito ver.
20 minutos: la vela se consumió algo asi como 2 cm. Según mis cálculos por la cantidad de velas que tengo, el largo de las mismas y la velocidad a la que se consumen cuento con 11 horas de luz de vela, dios me ayude!
22 minutos: la incertidumbre de no saber que hay mas allá de la luz de la vela me paraliza. ¿Y si tengo hambre? ¿Y si Federica se despierta con hambre? Voy a preparar mentalmente a mi cuerpo, a falta de microondas y a un año de haberla dejado, hoy volveremos a la lactancia materna.
23 minutos: Esteban me llama, ¿para darme animos? No, para decirme “no vino la luz todavía? Uhhhhhhh”
¿Pero por qué no te vas un poquito a ….
27 minutos: Mi termo hace tictic o rutututú psssss, siempre lo hace. Me doy cuenta que quizás ya no vuelva a tomar mate. La cocina esta oscura, ahí no vuelvo a entrar, esa puerta no se volverá a abrir. Pasa lo que nunca quise que pasara, estoy en una casa tomada y no tengo a Cortazar que me acompañe a correr hasta la puerta. Espero no vomitar conejos o pisar un cronopio que baile espera en la oscuridad.
32 minutos: Soy una con la oscuridad, ya no necesito parpadear y creo que respirar tampoco. Al lápiz con el que escribo lo muevo con la mente.
35 minutos: Se me ha agudizado notoriamente el sentido del oído, escucho a mi vecino cantar una de Dyango mientras plancha una camisa azul.
40 minutos: vino la luz, me voy a un rato a la compu, por suerte Fede duerme.